martes, 20 de diciembre de 2011

Escondite

Yo necesito esconderme. No muy a menudo, pero sí de vez en cuando. Necesito un refugio donde meter la cabeza porque a veces siento que todo va muy rápido, que no tengo tiempo real de concentrarme en este mismo instante y que se me escapan cosas que pasan por encima pero que en realidad deberían pararse también conmigo para que pueda asimilarlas, acogerlas en mi pecho y guardarlas por siempre.

Me escondo, porque mi pequeña cyn y yo necesitamos más intimidad de la que la vida y el mundo nos proporcionan. Necesitamos un momento para escuchar la música que nos hace desarrollar nuestros sentidos, y dejarnos llevar. Pasar tiempo a solas, y descubrir qué es lo que está cambiando o por qué nos alejamos alguna vez la una de la otra. Permanecer con los ojos cerrados, solo para reconciliarnos, perdonarnos, sin que nada ni nadie se entrometa en ese instante que es solo nuestro.

En mi otra vida tenía un sitio donde estar quieta durante horas y mirando fijamente al horizonte no era síntoma de nada. Un sitio que me acogía, me abrazaba y me permitía gritar sin que nadie me oyera. Mi refugio me dejaba vacía, pero al mismo tiempo también me llenaba de la energía que representa la vida.

En esta vida nueva, no tengo un sitio que sea mío. Quizá Madrid no tiene escondites posibles. O yo no he encontrado el mío propio aún.
Y es así como nace este sitio. Como intento de refugio sin aún conseguirlo del todo. Será que perdí con demasiada facilidad el pudor a desnudarme, pero no el de sentirme desnuda. O que el refugio sea público no ayude. Quizá fui demasiado valiente el día de su inauguración, aportando datos reales, y hasta plantando ahí la fotografía de la que me da los buenos días cada mañana frente al espejo. Y ahora me escondo así, como la de la foto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

"D"

Hoy es mi día D. Ha sido un día muy, pero que muy muy "D", desde que me he despertado, hasta ahora mismo... Momento en el que despido el día, y no podría ser en otro lugar mejor que este. En mi sitio, mi guarida, mi rincón... hasta hace muy poco, mi escondite. (Explicaré lo del escondite en otro momento, hoy sencillamente no)

Pues bien, hoy pareciera que alguien hubiera madrugado más que yo para preparar el escenario del que ha sido mi día. Pareciera que alguien se hubiera molestado en poner también la canción indicada en una emisora de radio cualquiera, justo cuando volvía a casa, para convertirla ya en banda sonora de mi día "D". Pareciera que alguien se estuviera ocupando de que un buen año, pueda acabar convirtiéndose en el mejor de mis 26 años viva.

Me extrañaría si no supiera que detrás de todos esos momentos y sensaciones, estás tú. Y me mentiría si no dijera que te siento, que te sigo sintiendo y que jamás dejé de hacerlo. Será cuestión de energía, o quizá no, porque siempre has estado ahí, y yo ya me acostumbré a ti. A ti, a tu presencia o a tu no presencia, quién sabe, si ya no soy capaz ni de recordar tu voz. Pero tu mirada, no... tu mirada la llevo siempre en el bolsillo izquierdo, el que coincide con el lado del corazón. Y te lo agradezco infinitamente, y más.




¡¡¡ Mi banda sonora del día de hoy !!!

lunes, 7 de noviembre de 2011

¡¡¡¡ FELICIDADES !!!!

Esta entrada, viene en formato de felicitación. Hoy tengo el inmenso placer de regalarle estas letras a la persona que más quiero en mi vida, porque justamente hoy, hace 13 años que sus ojos, aún sin poder ver bien, me dedicaron la mirada más especial, más bonita y más profunda de las que he sentido a lo largo de mis días. Hoy hace 13 años que nació mi hermana.
Así que quédate conmigo, pequeña, que esto es para ti.

Espera, que me conecto en modo-abuela, para decir que el tiempo ha pasado muy deprisa. Demasiado deprisa...Aún recuerdo todos los detalles de la noche en que llegaste. Como fuimos todos a esperarte. Recuerdo perfectamente como salió papá, sonriente, orgulloso como el que sabe que ha hecho un buen trabajo, pocos minutos después de recibirte en sus manos. Nos explicó a tus demás hermanos y a mí cómo eras, el color oscuro de tu pelo, tus ojos grandes, lo rosadito de tu piel... Pero no fue suficiente, porque todo tampoco hubiera sido suficiente... Y es que no he vuelto a ver bebé tan lustroso como tú. Nada más conocerte, insisto con lo de tu mirada... Sí, ya sé que con dos horas de vida, apenas se puede ver bien, pero yo sé que en ese instante me miraste fijamente, y ya me tenías atada a ti.
Fue muy divertido. Llegaste a una casa en la que todos éramos mayorcitos, y verte crecer, cuidar de ti... Era una maravilla. Todos aprendimos mucho de ti, y creeme... Aprendimos mucho más nosotros contigo, y de ti, que tú de nosotros. ¡Y mírate! ¡Ya eres una mini-mujer!

Mamá siempre dice que tienes mi carácter... Me cuenta vuestras discusiones y añade su ya típica coletilla    " yo no sé a quien sale esta niña... Bueno a quien va a salir!" Y es que lo más duro y lo más difícil que he hecho en mi vida, ha sido despedirme de ti, resignarme a saber de ti mediante una web cam o una línea de teléfono...  Y ya paro, que conecto en modo-blandengue.

Nos lo decimos constantemente, pero te lo escribo aquí también... Te quiero pitufa. Disfruta de tus 13!

sábado, 29 de octubre de 2011

Heridas

Por momentos nos sentimos seres enteros, de una sola pieza. Como si la vida no nos marcara... como si haber sobrevivido, nos concediera el lujo de haber olvidado. Como si alguno se librara de la composición de los pedazos que por suerte quedaron sanos, y que aún hoy luchan por mantenerse intactos.

La  constante pelea del ser. Esa, la de seguir con la cabeza erguida, aunque el peso de un pasado cargue sobre la espalda. La pelea por mantener la sensación de que quien sufrió, y quien tuvo miedo no era uno mismo, sino el protagonista de ese capítulo del libro, o de esa escena de la película que queremos que sea la propia vida.

Pero llega un día en el que indagas lo suficiente como para descubrir que la herida sigue abierta. Y duele. Y escuece. Porque sigue ahí. Porque la piel se regenera más rápida y fácilmente que el alma o el ser en sí mismo.

Y es una carrera. Corres, porque los recuerdos te persiguen. Porque te rompes cada vez que te relajas o te despistas y vuelves a tener constancia de que no han desaparecido. Que siguen ahí. Que no puedes mirar siempre hacia otro lado, porque no siempre te sitúas en cabeza de carrera... Los fantasmas no solo te persiguen, también te rodean y ya no puedes correr, no hace falta que corras más, porque ya has perdido. Te han alcanzado y han conseguido hacerte suyo. Pero te marchas a dormir, como si el sueño fuera capaz de llevarte a otro lado indefinidamente. Como si al despertar todo fuera a desaparecer, o a estar más lejos.  

Y de repente nos sentimos diferentes del que sufre. Porque eres consciente de que está sufriendo porque él sí lo demuestra. Y tú no. Tú prefieres dejarte llevar por los días que parece que te dan un suspiro para llevarle ventaja al miedo. Prefieres reconstruir trozos de ti mismo que ya no tienen por donde cogerse, que ya no encajan. Y sigues engordando a esa pelota que a veces oprime el pecho.

Pero nunca llega el día de situarse frente a eso que te persigue. Cuando estás en el inframundo de ti mismo, lo evitas porque no es momento. Y cuando estás pletórico, no quieres menguar esa magia con cosas que ya pasaron. ¿ Y tú alardeas de tu valentía por mantenerte firme y en pie ?

Y aún así, seguimos sintiéndonos seres enteros. De una sola pieza.

jueves, 27 de octubre de 2011

Si volviera a nacer...

Si volviera a nacer, elegiría sin duda volver a ser yo.
A pesar de mis caídas, mis pecados, mis luchas, mis heridas... Mis ilusiones dormidas o mis sueños perdidos.
Volvería a ser yo misma y lloraría en los momentos en que lo hice ayer y lo hago hoy. Quizá no me escondería, ni ocultaría el dolor, o la rabia o la ira derramada en forma de lágrima.
No inventaría ni una sola sonrisa. Todas serían de corazón.

Aceptaría algo más la vida. La vida tal cual. Esa misma que te siente, te habla y te escucha. Esa misma vida que te enseña, te quita y te da.

Lucharía más. Hasta dejarme la piel si hiciera falta por todas esas cosas, y por esas personas que de veras me importan. Sin miedo.
Derramaría hasta la última gota de mi sangre por las causas perdidas. Valiente. Muy valiente.

Perdonaría de corazón.

Sentiría sin pensar. Sin analizar. Sin cuestionar. Y sin dudar. Sentiría... Simplemente. Hasta dejarme llevar.

Convertiría en palabras esas miradas que aún creyendo que lo decían todo, jamás dijeron nada. Sin pudor, y sin pánico.

Diría siempre lo que me nace aquí dentro. No llenaría cajones de frases no pronunciadas. Las repetiría mil veces si hiciera falta...

No haría menos el amor, aunque sí consentiría que el amor mismo me hiciera a mí. Y sentirlo. Y que me sintiera... Hasta olvidarme del mundo, o que el mundo me olvidara.

Anotaría en un papel la descripción de esos momentos que se convierten en buenos recuerdos, pero que de pronto, el tiempo los turbia y los marchita y casi los hace desaparecer.

Acariciaría más. Con ganas de quedarme con tu piel en mis manos. Y besaría hasta que me dolieran los labios.

No volvería a romper una noche pronunciando algún nombre a gritos.

Olvidaría el amargo sabor que dejan algunas situaciones. Algunos golpes, algunas decepciones o algunas palabras mal dichas. Los olvidaría para siempre, sin permitir que formaran parte de mi equipaje.

También olvidaría olores, aromas y voces.

Y qué curioso... Si volviera a nacer, elegiría sin duda volver a ser yo

martes, 25 de octubre de 2011

Me gusta...

- Mojarme con las primeras gotas de lluvia. Aunque me dejen el pelo hecho un asco...
- El helado de pistacho. Y el de turrón.
- El silencio que acompaña a la noche.
- Dormir contigo. Eso me encanta.
- El primer café de la mañana. Y quemarme un poco los labios, sorbo a sorbo.
- La paella de mi madre. Ni las que he comido en valencia la superan!
- Viajar, conocer, visitar lugares nuevos.
- El aroma del sur.
- Los zapatos. Mi sagrada colección de zapatos...
- Mi presente y el que espero que sea mi futuro.
- La seguridad de tu mano en mi cintura.
- El primer día de la temporada en la playa.
- Las cenas de chicas.
- Mi sitio. Donde puedo gritar sin que nadie me oiga.
- Que nos entendamos sin decir nada. Que nuestras miradas estén así de conectadas.
- El gazpacho. Casero, por favor.
- La valentía.
- Aprender.
- Creer que muchos sueños se cumplen. Y descubrir que es así de cierto.
- Llorar con una película dramática sin que nadie me vea.
- Un buen libro y leerlo con calma.
- La buena energía que desprenden algunas personas.
- El color rojo. Y el negro.
- El blanco también.
- Las vacaciones.
- La sensación al salir de la ducha. El olor del pelo mojado y limpito.
- El sonido de la risa.
- Conducir cuando estoy tranquila y relajada. Sola. Con la ventanilla bajada, y sin prisa por llegar.
- Decir siempre lo que pienso.
- Sentir. Para bien y para mal.
- La originalidad.
- Tener ganas.
- La orilla del mar. Caminar mojandome los tobillos.
- Patinar.
- La espontaneidad de los niños.
- La gente libre que dice lo que quiere, lo que siente, lo que odia. Sin miedo ni tapujos.
- Anatomía de Grey.
- Hacer una lista de proyectos y objetivos y poder tacharlos cuando los he cumplido.
- Inventarme una vida para la gente con la que comparto trayecto de tren o de metro. Seguro que les encantaría lo que les imagino a cada uno...
- Que me contagies tan buen rollo. Y tanto optimismo. Y que me empujes hasta arriba del todo cuando lo necesito.
- La coca cola con mucho hielo picadito y una rodaja de limón.
- La gente que mira a los ojos cuando habla.
- Creer que cumpliré todos los objetivos que me propongo el último día del año para el siguiente. Pobre ilusa...
- El cielo de noche.
- El olor de un recién nacido. El olor de una vida nueva.
- Cerrar etapas para abrir las nuevas.
- Meterme en la cama cuando estoy tan cansada y sé que no voy a tener tiempo ni de pensar.
- La música. No podría vivir sin música.
- Saber que siempre hay algo más y mucho mejor. Y tener tiempo para descubrirlo, sentirlo y vivirlo.
- Ponerle bandas sonoras a mis mejores momentos. Y recordarlos cuando oigo esa canción.
- Las vistas desde la terraza del Puro Beach.
- Que contigo sea todo así de fácil.
- Tú. Me gustas, me encantas, me vuelves loca.

lunes, 24 de octubre de 2011

Escribir.

Un tópico. Cuando alguien de tu entorno conoce de tu inquietud por las letras y te pregunta "¿ por qué escribes ? ".
 La primera, mi primera reacción fue la misma que si la pregunta hubiera sido "¿por qué respiras ?"
Es extraño. Tuve muchas respuestas en un mismo instante, pero a la vez ninguna que me apeteciera verbalizar... Que seamos tan valientes para desnudarnos delante de un papel y nos cueste tanto confesar el por qué de esos desnudos...

No concibo mi vida sin esto. No tengo recuerdos de mi vida en los que no escribiera. Lo hago desde bien joven, en hojas de cuaderno, aunque aún a estas alturas pasee constantemente uno de esos en mi bolso para captar al vuelo.
Escribo sin ansias de hacerlo bien, ni de encajar unas palabras con otras cual puzzle se tratara. Escribo porque necesito que mis pensamientos se materialicen.
Escribo en el intento imposible a veces de darle forma a lo que no se ve ni se oye.
Escribo porque es como un reseteo. A veces me siento tan llena que necesito vaciar letras en algún sitio para volver a llenarme de ellas.
Escribo porque a veces, aunque poco a menudo, me gusta sentirme en otras pieles, en otras vidas y darle un giro completo a mis reacciones.
Escribo porque a veces mi razón va sola, mi corazón va solo y hasta mi cuerpo va solo. Y hago trazos sobre un papel o pulso unas teclitas que luego tienen el resultado de lo que he sido en un periodo de tiempo.
Escribo para no olvidar. Porque un día me quedé muy vacía y gracias a las letras recordé que alguna vez pude sentir y volví a confiar en recuperar esa capacidad por recordarlo.
Escribo porque en mi cabeza guardo descripciones de personas, de momentos, de sensaciones que quiero recordar siempre.
Escribo porque a la vez que protagonista, también soy narradora de mis días.
Escribo para mostrar lo que tengo dentro, y que late y late y late y no para.


Escribo porque quiero.

viernes, 21 de octubre de 2011

Tener ganas

Que importante es tener ganas. La base de cualquier precepto. Lo primordial para que un deseo no deje de ser eso, un deseo. El ingrediente mágico para que la salsa de la vida siga sabiendo bien.

Hay tantas cosas por hacer, pero para todas ella se necesitan ganas. Ganas de salir a conocer calles, parques, cafeterías con encanto o sin él. Ir al cine, a los teatros, a los museos. Ganas de conocer gente,  o de entablar conversación con un desconocido y poder inventarte hasta una vida. Ganas de viajar, fotografíar, recordar... Darle con las puertas en las narices a la apatía y tener ganas de tener ganas.

Ganas de comer un buen chuletón con su correspondiente copa de vino tinto. Ganas de descubrir tu piel bajo esa ropa, de oler tu cuerpo, sentir tu aroma, y que tu piel se grabe en mis manos. Hasta para comer y follar se necesitan ganas, aunque ambas dos proporcionen solo placer absoluto.

Nunca dejes de tener ganas.........


viernes, 7 de octubre de 2011

Cristina

Anoche por primera vez, me sentí culpable. Anoche, después de tres años llenos de noches que han traido tu recuerdo, me sentí culpable.

Llegaste a mí, por causas del destino, ya sé... Nada ocurre por casualidad. Llegaste perdida, cargada de un miedo que te acompañó hasta siempre. Mirabas a todos lados y sin centrar tu mirada en ningún punto, nunca perdías detalle del cosmos que te rodeaba. Todo eran amenazas en tu mundo. Si tuviera que describir lo que sentí al verte por vez primera, elegiría una sola palabra. MIEDO. El miedo, el terror, el pánico se hicieron a la vez todos ellos dueños de ti.

Pero en mitad de todo quedaba un punto de luz. Una ilusión que te mantenía atada a la vida. Y yo te empujé, mi dulce Cristina. Te empujé porque en tu ilusión estaba también la mía. Porque en ti, encontré a quien iba a cumplir con lo que en aquel momento, yo no me atrevía. Cristina... Mi dulce niña Cristina...

Y te marchaste. Juntas hicimos un equipaje lleno de cosas tuyas y mías. Te marchaste tras el amor. Tras tu ilusión... Te marchaste en un vano intento de olvidar un pasado que te persiguió hasta siempre. Y yo te empujé, mi dulce Cristina, yo te animé...

Fue una sola llamada, de madrugada. Dos madrugadas antes del día de navidad. Al otro lado me notificaban el desenlace de mi hermana... Te creiste con el derecho de elegir dónde, cuando y cómo... Y pusiste fin.. Acabando ya con el miedo y tambien con tu pasado como con tu futuro, mi dulce Cristina.


Sigues en mi recuerdo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

............ Nuevos hábitos.................

Soy una drogadicta. O quizá ahora sea un proyecto de ex-drogadicta. Pero no puedo decir que ya lo sea, pues aún siento el poso de esas sustancias que me he suministrado durante años en el organismo.

Llevo 11 días sin fumar. Y lo quiero hacer público, porque aún me siento débil, y tenerlo aquí escrito creo que me ayudará cuando las ganas de un "último" piti, aprietan.

A mí, es que me gusta fumar. Me gusta, porque asocio el cigarrito a los buenos momentos. Asocio esas caladas profundas al rico aroma de un buen café. A las sobremesas con agradable conversación y chupito de hierbas que se alargan hasta las mil. Asocio el piti al momento post-orgasmo, sobretodo cuando ese momento te asalta bien de madrugada y sales a la terraza a expirar ese humo y no oyes más que el silencio. A mí me encanta fumar. Pero ya me he fumado el penúltimo y el último cigarro de mi vida, porque lo que más me gusta por encima de todo es vivir. Estar y sentirme viva.

Y que paradoja. Siempre me he declarado una firme defensora de la libertad del ser, y sin embargo he estado demasiados años esclavizada a un paquete de tabaco, y a tener otro paquete de reserva aunque tuviera que ir al otro lado de la ciudad a por él, para que nunca me faltara el vicio.

Era consciente de la dependencia que tenía y que todavía tengo, de esa mierda. Todo fumador sincero consigo mismo, es consciente de eso. Yo nunca me engañé, y si no intenté dejarlo antes era porque sospechaba que jamás lo conseguiría, y por puro miedo al fracaso. Y a pesar de ser consciente, no imaginas hasta qué punto estás enganchado, hasta que  consigues estar 48 horas sin fumar. Yo he llegado a darme un poquito de asco por ese motivo. Sentirme minúscula frente a un montón de mierda prensada en un tubito de papel. He llorado de desesperación, porque de repente mi mini-yo se volvía en mi contra, contra mi razón y me retaba a comprar un "último" paquete. Porque he estado dos días mareada, con graves y serios problemas para conciliar el sueño. Con palpitaciones y sudoraciones. Con un mono como el que sufre quien deja de consumir heroína. Me he dado un poco de asco, porque me he reconocido, tal y como empezaba escribiendo en este sitio, como a una drogadicta. Y aún, tras haber pasado por todo eso con toda la dignidad con la que he sido capaz, lo sigo echando de menos.

Es duro. Mentiría si dijera que no lo es. Peeeeeeeero aún así, me resisto. Aunque sea por cabezonería. O por no fallar a quien me repite constantemente que confía en mí y que sabe que lo conseguiré, porque él cree en mí y cree que puedo conseguir lo que me propongo. Y por estar viva muchos años sin problemas respiratorios. Lo conseguiré.